Muere a los 76 años Aretha Franklin, la reina del soul

La última gran diva de la edad de oro de la música afroamericana, con éxitos legendarios como ‘Respect’, había suspendido sus escasos conciertos de este año por motivos de salud

La reina del soul, Aretha Franklin, ha fallecido este jueves en Detroit a los 76 años. Hija de un conocido reverendo, comenzó a cantar en el coro de la iglesia de su padre y sacudió el panorama musical de los 60 al introducir los recursos del góspel en la música secular, con éxitos hoy legendarios como Respect o (You make me feel) A natural woman. Tuvo una vida precoz y turbulenta, con su primera maternidad cuando era apenas una niña, un matrimonio violento y un considerable historial de desavenencias y desdichas. En 2010 sufrió un cáncer de páncreas y su salud había empeorado hace unos meses. El representante de la artista confirmó el fallecimiento, según la agencia AP, a causa del cáncer de páncreas. Con ella desaparece la última gran superviviente de la era dorada de la música negra estadounidense.

Nació en 1942 en Memphis, Tennessee, pero creció en el mismo lugar que le ha dicho adiós, Detroit (Michigan), la otrora próspera capital de la música y el automóvil. La suya fue una de las muchas familias afroamericanas que en los 40 emigraron del sur al norte al calor del boom industrial. El esplendor del jazz y otros ritmos en ciudades como Chicago o la citada Detroit se entienden a partir de ese fenómeno económico y demográfico; el declive del mismo, también. Una incipiente clase media afroamericana que se había formado en el cinturón industrial entró en barrena. Pero cuando el motor se gripó, Aretha ya se había convertido en una artista reconocida. Su padre, además, era Clarence LeVaughn Franklin, un pastor muy conocido e influyente, amigo de Martin Luther King, cuya voz resultaba tan musical que sus sermones acabaron editados en discos.

Fue en el coro de la iglesia de su padre donde la artista comenzó a cantar, al igual que sus hermanas, y fue en su propia casa cuando entró en contacto con el movimiento de los derechos civiles. Pero lo privilegiado de su hogar -dentro de la comunidad afroamericana- no le libró de una infancia dura y, sobre todo, muy breve. El reverendo C. L. Franklin, bebedor y acusado de maltrato en su biografía, había tenido otros hijos fuera del matrimonio y su esposa Barbara, la madre de Aretha, los abandonó. A los 12 años, quedó embarazada de un chico de una escuela y a los 15 ya había tenido su segundo hijo con otro hombre. Ambos llevan el apellido Franklin. Se casó a los 19 con Ted White, que fue violento con ella, y se divorció ocho años después. Tuvieron un chico. Años después se casaría (y divorciaría) de nuevo y tendría un cuarto vástago. El reverendo Franklin murió en el 84 tras pasar cinco años en coma a consecuencia de un tiroteo cuando se enfrentó a unos ladrones.

Muchos de los episodios turbios de su vida quedaron recogidos -para su disgusto- en una biografía de 2014 (RESPECT: The life of Aretha Franklin) publicada por David Ritz, quien años antes había trabajado para ella como escritor fantasma (o negro, como se dice en España) de una autobiografía que la artista se encargó de edulcorar. Como su música, Aretha era peleona y trataba de arrinconar en su historia la parte más dura. Decía su productor de Atlantic, Jerry Wexler, que sus ojos luminosos cubrían la angustia y que sus depresiones podían llegar a ser “tan profundas como el mar oscuro”.

Aunque había comenzado grabando en Columbia Records, los grandes éxitos llegaron en Atlantic, con Wexler. A temas tan célebres como Respect o Natural woman se sumaron rápidamente otros imborrables, como Think o Say a Little prayer. A finales de los 60, ya se había convertido en uno de los iconos de la comunidad afroamericana, con canciones que transpiraban reivindicación femenina y racial. Cantó en el funeral de Martin Luther King, al que había conocido de niña en su casa, en el 68, y lo hizo también en enero de 2009 cuando Barack Obama tomó posesión y se convirtió en el primer presidente negro de la historia estadounidense. Hace pocos años, en un acto público, la reina del soul dijo que aquel había sido el momento más emocionante de su carrera.

Ganadora de 18 premios Grammy y con 10 millones de discos vendidos, llevaba desde los años 80 sin viajar fuera de Estados Unidos debido a su también legendaria fobia a volar. Esta limitación, aunque le privó de veladas de gloria en vivo, no limitó el alcance internacional de su carrera ni su consagración como reina del soul. Se le atribuyen celos de diva contra otras artistas que en algún momento la superasen en ventas -como Barbra Streisand o Whitney Houston- y, de hecho, fue público y morrocotudo su enfado cuando en la entrega de los premios Grammy de 2008, a Beyoncé no se le ocurrió otra cosa que presentar a Tina Turner como “la Reina”. Franklin se ofendió y lo consideró un golpe bajo de los guionistas para generar polémica.

Franklin anunció su retirada a principios de 2017 con la idea de limitar su agenda a actuaciones escasas y muy escogidas, aunque muchas de estas tuvieron igualmente que cancelarse por recomendación médica este año. Así, no pudo actuar el pasado marzo en Newark, como estaba previsto, ni tampoco el pasado abril en el festival de jazz de Nueva Orleans. Su última actuación tuvo lugar el pasado noviembre, en Nueva York, con motivo del 25 aniversario de la fundación contra el Sida de Elton John. Su influencia musical, sin embargo, pervive para la opinión de los expertos en artistas de generaciones posteriores, como Mariah Carey o Beyoncé.

Decía Obama en un artículo de David Remnick de 2016 en The New Yorker, que si tuviese que llevarse unos pocos discos a una isla, su admirada Aretha Franklin figuraría en esa lista. “Porque me recordaría mi humanidad. Lo que es esencial en todos nosotros. Y simplemente: suena puñeteramente bien”.
Los diez artistas más reproducidos en el mundo




¿Alguna vez te has llegado a preguntar cuáles son los artistas que más se escucharon alrededor del mundo en el año 2017? Probablemente tengas idea de lo que significó ‘Despacito’, en el mercado de Latinoamérica, pero resulta sorprendente que países asiáticos en donde el español es una lengua muy lejana de ser la nativa, esta misma canción estuvieras en los primeros lugares de popularidad.

Esta lista se realizó con base en el Global Music Report del 2017 y muestra un reporte general de cuáles fueron los artistas con más reproducciones vía streaming en todo el mundo a través sólo de la plataforma Spotify. Te sorprenderá ver que dos latinos se apoderaron de esta lista de 10. Sin duda alguna el mercado de la música en español llegó para quedarse y se encuentra en los gustos del público. Sin más ni más te dejamos la lista de los 10 más reproducidos en el mundo:

Ed Sheeran con 45,779,159 oyentes mensuales y 9,718,577 seguidores

Daddy Yankee con 44,076,044 oyentes mensuales y 1,702,321 seguidores

Luis Fonsi con 41,923,291 oyentes mensuales y 663,795 seguidores

The Chainsmokers con 35,641286 oyentes mensuales y 2,889,280 seguidores

Drake con 35,641,286 oyentes mensuales y 10,521,286 seguidores

Coldplay con 34,380,923 oyentes mensuales y 7,484,070 seguidores

Selena Gomez con 32,430,581 oyentes mensuales y 4,500,797 seguidores

Nicky Minaj con 31,882,649 oyentes mensuales y 5,762,609 seguidores

Imagine Dragons con 31,721,488 oyentes mensuales y 4,485265 seguidores

Calvin Harris con 31,294,544 oyentes mensuales y 6,465870 seguidores

La historia y posibles significados de “Bohemian Rhapsody”



Dentro del rock clásico, se cuentan con los dedos de la mano las canciones que pueden rivalizar con “Bohemian Rhapsody” en cuanto calidad compositiva y trascendencia histórica.

Compuesta por Freddie Mercury, el tema es un auténtico caleidoscopio sonoro, una mini suite de seis minutos de duración que, a manera de collage, amalgama exitosamente tendencias tan dispares como la ópera, la bombástica teatralidad de Broadway, el rock progresivo y sinfónico, así como el hard rock setentero más contundente.

Casi por unanimidad, la canción es considerada el himno de Queen y su obra más propositiva, vanguardista y relevante. Y aunque a primera vista pareciera no tener mucho sentido y casi simula ser una parodia a la verdadera ópera, “Bohemian Rhapsody” cuenta, de hecho, una historia muy puntual: la de un joven que comete asesinato y lo confiesa a su madre.

Hasta ahora no hay una lectura definitiva sobre la letra de la pieza. Por un lado, hay quienes interpretan su historia de homicidio y confesión como una analogía a la bisexualidad de Freddie Mercury y su hipotética declaración ante sus seres queridos y el consecuente juicio de la opinión pública (la parte de ópera).

Hay quienes la toman de una forma un poco más literal y aseguran que, en efecto, es la historia de un hombre que mata a alguien y que, al igual que Fausto, vende su alma al diablo. La noche previa a su ejecución, logra llamar a Dios y consigue redimirse con la ayuda de los ángeles.

Otros encuentran paralelos con la primera novela de Albert Camus, El extranjero, en donde el protagonista dispara a otra persona y es sentenciado a muerte por su crimen; y también con Crimen y castigo, de Dostoievski.

El tema está constituido por seis secciones bien definidas: un intro a capella y piano (0:00-0:49), un segmento de balada (0:49-3:02), un solo de guitarra (2:35-3:02), el célebre apartado operístico (3:02-4:07), una sección de rock duro (4:07-4:54) y un final o outro (4:54-5:55).

La sección de ópera fue tan meticulosamente producida, que le tomó al grupo más de 70 horas para terminarla. Para su grabación, se usó la voz de los cuatro integrantes del grupo y se multiplicaron ¡180 veces! con el efecto de estudio conocido como overdub. Por lo compleja que es esta sección, la banda se vio forzada a reproducirla con cintas pregrabadas durante sus conciertos.

Debido a lo experimental y relativamente larga que resultaba la canción (seis minutos, bastante para la época), los ejecutivos de EMI temían que se convirtiera en un suicidio comercial. Grabarla les había costado una cantidad exorbitante de dinero, y si bien nunca se supo la cifra exacta, es hasta la fecha uno de los sencillos más costosos de la historia.

Entre los datos curiosos, está el hecho de que, para este tema, Freddie Mercury tocó el mismo piano que Paul McCartney usó para “Hey Jude”. Irónicamente, Mercury no se consideraba a sí mismo un buen pianista, por lo que tocar “Bohemian Rhapsody” en vivo le inspiraba cierto temor.

En su momento, la canción sólo llego al número 9 de las listas de popularidad en Estados Unidos, pero luego del estreno de la ahora clásica cinta Wayne’s World, en 1992, llegó hasta el número 2, dos décadas después de su lanzamiento original.

Y tú, ¿conoces más datos o interpretaciones de este gran tema?



“Bitter Sweet Symphony”: un himno urbano para el fin del siglo XX



The Verve es mucho más que “Bitter Sweet Symphony”. Contrario a lo que piensan muchos, estos nativos de Wigan, Inglaterra, no son unos vulgares one-hit wonder. Pero es innegable que, en su momento, las demás canciones de un álbum tan bueno como Urban Hymns (1997) fueron completamente eclipsadas por esta pieza.

Al igual que los otros doce cortes de este álbum, “Bitter Sweet Symphony” es un himno citadino, pero también una oda a la clase trabajadora, aquella que se ve obligada a llevar todos los días una rutina de autómatas, al grado de llegar a cuestionarse su propia identidad. Britpop, fue como se le bautizó en esos años, ahora ya un tanto lejanos.

El concepto de su videoclip es tan simple como brillante: Richard Ashcroft camina incesante por las concurridas calles de Londres, con la vista siempre al frente. En su mente hay un solo objetivo: llegar a su destino desde el punto A al B. Para él, la gente a su alrededor no existe; por lo tanto, lo que sea que piensen sobre él queda anulado; a él no le importa.

Ese valemadrismo parece ser el eje central de la canción y del video, un retrato de la alienante postmodernidad que desconecta a cada individuo de su entorno, en un interminable ciclo de costumbres laborales y domésticas, sexo, violencia, espectáculo, política y religión.
El sencillo fue nominado a video del año por MTV, al Grammy por mejor canción de rock y a otros galardones. No obstante, la idea seminal de la pieza no surgió a partir de generación espontánea. De hecho, es un homenaje a “Unfinished Sympathy”, de Massive Attack, cuyo video es muy similar.

En cuanto a lo musical, está basada en un sampleo de la adaptación orquestal que Andrew Loog Oldham hizo para “The Last Time”, de los Rolling Stones.

Es bien conocido el pleito legal surgido entre The Verve y los Stones a raíz de “Bitter Sweet Symphony”: Ashcroft y compañía fueron acusados de plagio, a pesar de que solicitaron el permiso correspondiente para samplear “The Last Time”.

El argumento legal fue que The Verve había acordado utilizar solamente una secuencia de cinco notas, pero terminaron empleando una cantidad mayor. ABKCO Records ganó la demanda y en consecuencia Mick Jagger y Keith Richards tuvieron que ser incluidos como autores en los créditos de la canción. “Jagger/Richards/Ashcroft” es como aparece firmada hasta la fecha.

Simon Jones, bajista de la banda, alguna vez comentó: “Se nos dijo que [las ganancias] se dividirían en un 50 y 50, y ellos vieron lo bien que le estaba yendo a la grabación. Nos llamaron y nos dijeron: ‘queremos el 100% y que la quiten de las tiendas. No tienen elección”
.
Luego de perder la autoría de la canción, Ashcroft se pronunció al respecto: “Esta es la mejor canción que Jagger y Richards han escrito en 20 años”, en clara alusión al hecho de que fue el mayor éxito comercial —indirecto— que los Stones tuvieron desde “Brown Sugar”, en 1971.

¿Qué significa Sopa de Caracol, el éxito musical más famoso de Honduras que impactó al mundo?



"Watanegui consup, Iupipati Iupipati, Wuli Wani Wanaga" ¿Quién no ha pensado alguna vez que esta famosa estrofa estaba en inglés? ¿Te suena? ¿Y podrías decir qué significa?

Aquellos de oído "más afinado" llegaban incluso a asegurar que la canción decía "What a very nice soup" (qué sopa tan rica), pero nada más lejos de la realidad. La canción, en realidad, proviene del folclore indígena de las poblaciones negras del Caribe y Centroamérica.

Y la melodía, tal y como se ha quedado en el imaginario colectivo de millones de hispanohablantes, la popularizó en 1991 el grupo hondureño Banda Blanca, que todavía existe hoy en día aunque sus miembros no son todos los de esa época de aquel tremendo exito.

Ellos tradujeron una parte de esta canción popular al español y le incorporaron el baile al ritmo pegadizo que quizás ya tengas en la cabeza (tata, tarara, tata, tarara… ¡Wepa!).

Banda Blanca se hizo famosa con "Sopa de caracol", La banda recorrió carnavales y festivales en Chile, México, Colombia, España y Estados Unidos con sus ritmos alegres y pegadizos induciendo a la audiencia a cantar una letra de la que probablemente no tenían ni la más remota idea.

"Watanegui consup Iupipati Iupipati Wuli Wani Wanaga", como reza la canción, es en realidad garífuna, la lengua de los descendientes de esclavos africanos mezclados con la población amerindia de las islas caribeñas.

Conocidos como los negros del Caribe, fueron una consecuencia más de la expropiación de tierras de los imperios europeos, según cuenta el historiador e investigador Paul C. Johnson en su libro Conversiones de la diáspora: la religión en el Caribe negro y la recuperación de África.

Johnson relata que los esclavos africanos fueron llevados a la isla de San Vicente y al este de las Antillas en el siglo XVII. A finales de 1700, el imperio británico ordenó su deportación hacia pueblos costeros de Centroamérica, entre ellos Honduras, cuenta Johnson.

Los esclavos negros traídos desde África fueron deportados a finales del siglo XVIII de la isla de San Vicente por los británicos y se asentaron en pueblos de la costa caribeña centroamericana.

Pero al fin resolvemos el misterio, esto es lo que significa la canción: "Quiero tomar sopa, quiero seguir disfrutándola. Un poco para ti, un poco para mí", explica Juan Pompilio Tejeda más conocido como Pilo Tejeda, principal vocalista de Banda Blanca en sus años dorados y hoy diputado en el Congreso Nacional de Honduras.

"La comunidad garífuna tiene sus palabras propias pero también ha incorporado léxico del francés y el inglés por la influencia de las colonias. "Consup significa sopa con concha", añadio.

Pero el tema Sopa de Caracol quizás no hubiese sido el mismo sin el baile que acompañaba a esta canción de ritmo punta, un género musical propio también de la etnia garífuna declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, "Lo presentamos como un baile de salón con pasos básicos que le dio ese toque original", cuenta Tejeda.

Al día de hoy sigue habiendo versiones modernas de Sopa de Caracol, una de las más recientes la hicieron Elvis Crespo y Pitbull.

Ya en los 90, el grupo argentino Los Fabulosos Cadillac realizó una versión del éxito hondureño y el pasado año el artista puertorriqueño Elvis Crespo hizo lo mismo con Pitbull en una canción al más puro estilo pop latino que conserva el famoso"watanegui consup".